Yo Amo a Spotify. Yo Odio a Spotify

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Sí. Tan extraño como suena, es real. Spotify es un servicio agradable y una buena forma de escuchar música, pero también es un sucio y mal negocio para aquellos que no están en la zona de gracia donde este servicio opera. Llegaremos a la raíz de este sentimiento dual en un momento, pero primero vayamos al origen del mismo.

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Música en Todas Partes. O Algo Así…

Spotify empezó oficialmente su servicio comercial de música en streaming P2P el 7 de octubre de 2008 desde sus orígenes suecos en las figuras de Daniel Ek y Martin Lorentzon. En el principio tenía dos modelos promocionales: suscripción paga disponible para todos sin comerciales y un modelo gratis solo disponible mediante invitación para poder hacer frente a la alta tasa de crecimiento del servicio. Y sí, con bastante publicidad. El 10 de febrero de 2009, Spotify “abrió las puertas” para el registro libre sólo en el Reino Unido, pero debido a la saturación de solicitudes seguidas al lanzamiento de la versión móvil, cerró sus registros abiertos y regresó al modelo libre sólo por invitación. Mientras tanto, se hacían acuerdos con algunas de las grandes empresas disqueras.

Para febrero de 2010, Spotify reclutó quien en el pasado era el mayor enemigo de la industria de la grabación: Sean Parker, fundador de Napster y en ese instante perteneciente a Founders Fund, quien fue el contacto para unir a Warner y Universal con el servicio de música sueco (no es ABBA, a propósito). En mayo de ese año anunciaron dos formatos adicionales de suscripción: Unlimited, similar al Spotify Premium pero sin versión móvil y sin otras características, y Open, una versión reducida de Spotify Free la cual permitía a los usuarios escuchar hasta 20 horas de música al mes.

Pero estos beneficios del modelo Free estaban por terminar.

Empezando el primero de Mayo de 2011 –Día del Trabajador en muchos países europeos– todos los usuarios de los modelos Open y Free fueron transferidos a un nuevo modelo que limitaba su escucha de música a 10 horas al mes. Además, un usuario sólo podía escuchar una sola canción hasta un máximo de 5 veces (esta restricción duró hasta recién en 2012 y 2013). Los usuarios Unlimited y Premium no fueron afectados, junto con los nuevos usuarios que estaban libres de estos cambios por un lapso de 6 meses. Y en julio de 2011, el gran golpe: Spotify está disponible en los Estados Unidos luego de años de negociaciones con los grandes nombres de la industria de la música, junto con una integración con Facebook. Hasta ahora, este servicio está presente en Alemania, Andorra, Australia, Austria, Bélgica, Dinamarca, España, Estados Unidos, Estonia, Finlandia, Francia, Hong Kong, Irlanda, Islandia, Italia, Letonia, Liechtenstein, Lituania, Luxemburgo, Malasia, México, Mónaco, Noruega, Nueva Zelanda, Polonia, Portugal, Reino Unido, Singapur, Suecia y Suiza,

¿Y cómo funciona? ¿Puedo reproducir cualquier canción que me guste? ¿Puedo bajarla a mi computadora?

La Magia (o la Maldición) Detrás de Spotify

Como ya dijimos, Spotify es un servicio de intercambio de archivos musicales peer-to-peer que se basa también en un sistema de servidores en línea. Una conexión con 256 Kbps es suficiente para una tasa de bits de 160 Kbps en las canciones. Los archivos pueden ser reproducidos bajo solicitud y las canciones se archivan en la memoria caché de la computadora para evitar consumir ancho de banda con cada reproducción de un tema. Los streams de audio están en formato Vorbis a q5 (aproximadamente 160 kbits/s) para los usuarios Open, o en q9 (aproximadamente 320 kbits/s) para suscriptores Premium, y posee una latencia de reproducción promedio de 265 milisegundos. Spotify recomienda usar 1GB de espacio de disco en la memoria caché. Una cuenta puede ser usada en muchas computadoras, pero solo una a la vez puede reproducir música.

El software de Spotify es propietario y usa gerencia de derechos digitales o DRM para prevenir el uso no autorizado de su contenido. Los usuarios que se suscriben a los términos y condiciones acuerdan no reversar la ingeniería de la aplicación. En resumen, usted no puede descargar la canción que guste a menos que acepte pagar, del mismo modo que hace en el iTunes Store, pero en otros países.

No todos los artistas están disponibles en Spotify, desde Led Zeppelin hasta AC/DC o más todavía, no desean ser agregados a la plataforma. The Beatles no están disponibles debido a un acuerdo de distribución digital que es exclusivo para iTunes, no extensivo al audio en línea. Y para poder disfrutar de los beneficios de un ambiente libre de publicidad, debe estar listo para pagar mensualmente $ 4,99 en versión Unlimited o $ 9,99 si es Premium.

Después de toda esta introducción, veamos por qué amo Spotify.

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Spotify es Inteligente. ¡De verdad!

Cuando usé por primera vez Spotify, la cosa que más me asombró fue la capacidad de coincidir con mis gustos musicales, algo así como en los viejos tiempos que algunos de nuestros amigos nos traían un CD de un artista que no conocíamos, pero ellos sabían que nos podía gustar (Nine Inch Nails me viene a la mente). Recuerdo subir a mi cuenta canciones de Franz Ferdinand y después de escucharlas, el software me llevaba a canciones de The Hives, Arctic Monkeys, The Strokes y muchas más bandas de neo punk; para no mencionar la selección única de música dance y electrónica que habita en Spotify, la cual no tiene precio.

No hace falta mencionarles que subí cada canción disponible en mi colección para crear mis listas, las cuales refrescaba cada vez que encontraba un nuevo artista en la plataforma y que enriquecía mi conocimiento musical. Obviamente estaba en una cuenta Open, no en una Premium o Unlimited y mucho menos en una cuenta Free por invitación; nunca tuve la suerte de ser invitado. Tristemente, muchos de mis amigos no querían que tuviera cuenta allí. *snif*

Pero lágrimas aparte así como lo bueno de Spotify, también está lo malo y lo feo, ambos en la misma oración.

Usted no es Valioso para Spotify. ¡Punto!

El argumento principal para que el alcance mundial de Spotify no sea masivo está en las precauciones de la industria musical relacionadas con la piratería, las cuales no son para tomarse a la ligera, pero no puede ser la principal causa para la no disponibilidad del servicio en los cuatro puntos cardinales del Mundo. Hablemos claro: ¿Permitirían GrooveShark o SoundCloud, 2 de los competidores directos de Spotify, esta clase de restricciones en la reproducción de música? Y si así lo hicieren, se arriesgarían a crear animosidad y rechazo en la gente por tales limitaciones.

Resulta curioso analizar que Spotify está disponible en Hong Kong, Singapur, Malasia, Lituania y Letonia, todos estos países en Eurasia, un continente conocido por ser una gran fuente de prácticas de piratería, música incluida. Además, la industria musical tiene argumentos relacionados con algunos artistas que no están disponibles en algunos países por motivos de restricciones de licencias impuestas por las disqueras, lo cual da para reír a carcajadas. iTunes ha probado el impacto del lanzamiento mundial de una canción o álbum, ¿acaso la música en streaming es diferente o especial? No. Más todavía, el software no permite a los usuarios descargar canciones ilegalmente, así que ¿cuál es el problema?

Con estas absurdas limitaciones y con lo buena que es la plataforma, muchas personas que no están en la zona de gracia de Spotify han intentado –con éxito o sin él– abrir cuentas para disfrutar del servicio (cambiando las direcciones IP vía proxys, usando VPN privadas, etc). A nivel personal, lo hice una vez cuando abrí mi cuenta usando los procedimientos mencionados y después de rogar y suplicar –literalmente y sin éxito– obtener una invitación para una cuenta Free de amigos de amigos de amigos de mis amigos; una forma muy mala de hacerlo, se los juro. Y al comienzo el servicio prometía y las listas se reproducían cómodamente.

Entonces el período de 10 horas por mes se acabó muy rápido…

De la noche a la mañana no podía abrir Spotify, ni siquiera abrir mis listas que habían quedado buenas y agradables de crear; al parecer Venezuela no está en los planes de ofrecer el servicio a futuro. No hace falta que les diga cómo me sentí luego que esto pasó. Pero lo que más me ha irritado es que religiosamente sigo recibiendo correos electrónicos sobre el servicio y notificaciones a mi cuenta en Facebook, incluso después de haber eliminado esta suscripción al correo. Y encima tienen los nervios de invitarme a usarlo. ¡¡¡Pffffttt!!! ¡Malo, Spotify. Malo!

Coda

Al final, todos estos inconvenientes y malos aspectos tapan las cosas buenas que sé que tiene Spotify; por ende y en lo que a mí concierne no pienso descargarlo aun si llegaran a incluir Venezuela en la lista de disponibilidad. La única forma que consideraría instalarlo sería en el caso –improbable por demás– que estos suecos se disculpen conmigo por los inconvenientes y me ofrezcan una suscripción Premium gratis por todo un año. De lo contrario, no acepto.

Tan bueno y tan malo al mismo tiempo.

Ya empiezo a creer que Spotify es como nosotros: no totalmente malos, ni tampoco totalmente buenos.