El 16 de mayo de 2025 marcó el inicio de la era de la «computación por luz» con la comercialización masiva de procesadores de alto rendimiento que integran interconexiones ópticas directamente en el die (pastilla de silicio). Durante décadas, el rendimiento de los procesadores ha estado limitado por la física de los cables de cobre: a medida que la frecuencia de reloj aumentaba, la resistencia eléctrica y la generación de calor (Efecto Joule) se convertían en muros infranqueables. La fotónica de silicio resuelve este problema sustituyendo los electrones por fotones para la transferencia de datos entre los núcleos de procesamiento y la memoria cache, permitiendo velocidades de transferencia que superan los terabits por segundo con un consumo energético casi nulo.
Técnicamente, el avance radica en la integración de moduladores ópticos y guías de onda de silicio grabadas en las mismas capas nanométricas que los transistores. Los datos ya no necesitan viajar por pistas metálicas; se convierten en pulsos de luz mediante láseres miniaturizados integrados en el chip. Esto permite una arquitectura de procesador «todo luz» donde la comunicación interna es virtualmente instantánea y libre de interferencias electromagnéticas.
Las pruebas de rendimiento realizadas esta semana demostraron que la latencia en el acceso a la memoria se redujo en un 90% comparado con las mejores CPUs del año anterior, eliminando el «cuello de botella de Von Neumann» de manera definitiva. La implicación para el mercado es masiva: este procesador permite el entrenamiento de modelos de lenguaje con diez veces más parámetros sin aumentar la huella de carbono ni el consumo eléctrico del centro de datos.
La infraestructura de fabricación, que antes era una barrera, ha sido adaptada para utilizar los mismos procesos de litografía ultravioleta extrema (EUV), lo que garantiza que esta tecnología pueda escalar a la producción en masa de millones de unidades. Estamos ante el fin de la era del cobre en el diseño de chips de alto rendimiento; la luz es ahora el medio primario de transporte de información, transformando el procesador de un simple dispositivo de cálculo en un sistema óptico complejo que permite una densidad de operaciones por segundo antes considerada imposible dentro de los límites de la termodinámica.
