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La experiencia «tough love» de Kingdom Come: Deliverance II.

A principios de marzo, el impacto de Kingdom Come: Deliverance II continuó dominando la conversación en la industria del videojuego. Tras su lanzamiento en febrero, las reseñas publicadas en la primera semana de marzo reafirmaron su estatus como un título de culto que desafía las convenciones modernas del «mundo abierto». Mientras la mayoría de los desarrolladores optan por mundos que recompensan constantemente al jugador sin esfuerzo, Warhorse Studios presentó una simulación brutal de la Bohemia del siglo XV, donde la higiene, la reputación social y las habilidades básicas de supervivencia son factores que determinan el éxito o el fracaso.

El juego no solo destaca por sus gráficos, sino por su motor de simulación de IA que hace que los habitantes de los pueblos reaccionen de manera lógica a la presencia de Henry, el protagonista. Es un juego que obliga al usuario a «aprender» a ser un caballero, un proceso que requiere paciencia y dedicación, diferenciándose drásticamente de los juegos de acción arcade. Esta tendencia hacia el realismo extremo y la «fricción» en el diseño es lo que los jugadores están empezando a valorar, cansados de los mundos que se sienten vacíos y mecánicamente simples. Kingdom Come II es, sin duda, un referente para entender el futuro de los RPG: más complejos, más exigentes y mucho más gratificantes desde el punto de vista del diseño de sistemas.

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